miércoles, 14 de junio de 2023

Pezcalandia en la ruta del Gran Paraná: matungos a la vista

El clima pasa a ser un jugador fundamental en tiempos de pesca, y cada temporada cambia con respecto a las anteriores, de modo que los parámetros que alguna vez marcaron pautas claras, ahora ven como la historia se reescribe al compás del indiscutible calentamiento global.


Entonces, esos recuerdos de años comenzando a pescar pejerreyes en los muelles de Guazú se convirtieron en los mayos, y parece que los mayos, antes productivos, están ansiosos por convertirse en junior. Es que los más de 20 grados que se registraban diariamente hasta hace unas semanas hacían que el agua turbia del Guazú no decantara lo suficiente y los grandes cardúmenes de flechas plateadas tardaran aún más en hacer su llegada firme.

Pero claro, ahora junio –que antes ya era un mes de plena temporada– se convierte en el mes de la salida, el mes de la la llegada de los matungos esa primera llegada de los «Gran Paraná» que van marcando el punto en su migración hacia el norte, que logran llegar al sur de Corrientes por el Paraná y hasta el muro infranqueable que representa el dique Salto Grande, en Concordia.

Es por eso Mayo fue un mes matunguero, antesala de un junio que será un mes de tallas mixtas, donde habrá pejerreyes para todos los gustos: cornalitos y chatarreros cerca de las bases de los muelles y barrancos y buenos pejes fuera del rio, mezclándose con un montón de médiums que seguro le llevarán a la hora de arrebatarle el anzuelo a los buenos. Por eso estas primeras semanas son vitales para conseguir trofeos, porque los pequeños esperan condiciones óptimas, mientras los viejos exploradores avanzan por aguas fangosas que les traen recuerdos de la sierra y de Bermejo.

Ante este clima que contradice el calendario, los peces, como seres vivos, también sufren esta confusión. Doradillos, pirapitas y manduvas proponen un verdadero campo minado a los pequeños pejes, animados por el calor que hace que el agua, como cualquier masa líquida, tarde mucho más en enfriarse. Más puntos a favor de los grandes pejes, que se escapan por su tamaño de esas fauces.

El caso es que, de momento, nos fuimos a por los grandes a un camping que cumplía con las condiciones de rendimiento que buscábamos en esta opción de calidad. Es bien sabido que el Guazú se come la quebrada del lado de Entre Ríos y deposita sedimentos en los taludes del lado de Buenos Aires. Y eso de comer barranco no es metafórico: el sitio de nuestra prospección, el recreo de Vidal, carece del último muelle afectado por la acción del río, que deja un amplio espacio libre para caminar desde lo alto del barranco siguiendo la línea. Si bien los dos muelles del campamento son más adecuados para la pesca de fondo, esta área de barranco tiene una piscina al final que es un área de fuego para grandes pejerreyes que tienden a morder donde la línea frena su deriva.

Esta vez el amanecer en el campamento no nos dejará el recuerdo de las frescas mañanas de antaño, cuando los días empezaban con los pejerreyes echando humo por la boca al hablar y bebiendo un borrego antes de emprender la faena. Esta vez la cosa iba en camiseta y sudadera, quitándonos la segunda a media mañana.

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El equipo ideal consiste en Varillas de 4,30 m y cabos que no superen los 4 m desde el pilón hasta el puntero. Las boyas pueden ser esféricas o de formato medio cometa, recomendándose el uso de un puntero cónico armado de forma invertida (el lado grueso hacia nosotros y la punta hacia atrás) rematado por un rotor giratorio del que podemos extraer un Ramal de 50 cm (pesado con dos municiones). Los anzuelos para tentar pejes grandes van del 1 al 2/0. Y tener mojarras vivas grandes es fundamental, además de añadir en ocasiones un filete bien reducido de diente o sardinas, colgados de una sola pasada como broche final a la mojarra enhebrada de cola a cabeza.

La pesca no fue fácil, aunque en la primera pasada conseguí un pejerrey que me hizo pensar lo contrario. En una constante ida y vuelta, entre unos 20 pescadores presentes en la jornada de nuestro día, iban dando pocos pero enormes pejerreyes, entre mayores capturas de lachas, doradillos, chafalotes y hasta una cabeza amarga.

Los piques, eso sí, eran firmes y decididos, propios de estos cazadores bocones que no desdeñan un bocado bien servido al paso. En el caso de que utilicemos líneas de cometas o chicas chupetón, se mueven hacia los lados, rompiendo la línea y disparando rápidamente hacia un lado. Rara vez se hundían. En cambio, con las boyas esféricas sí se produjo hundimiento. Párrafo aparte para el pescador de pointer, que recoge la mayor parte de las picas y que, cuando trabajo invertido, primero se acuesta y luego sale apuntando su parte delgada en la dirección donde la toma el pez.

Como decía, las tallas sorprenden: capturas medias de pejerreyes de 400 y 500 g con unas Gran Paraná de 800 g, verdaderos trofeos para escuadrón pequeño. Esta pesca de bajura es, en mi opinión, mucho más agradable que los costosos viajes en barco y exige mucho al pescador para lograr el éxito deseado: una buena preparación de líneas y cebos, nudos bien hechos (hemos visto perder atunes por corte) , revisión constante de nylon de refuerzo (bradillos y chafalotes los abollan), la colocación o no de municiones partidas para lograr que los ramales bajen a la profundidad deseada y –sobre todo– un trabajo constante de ensayo y error de ramales a diferentes profundidades para intentar encontrar el adecuado.

Esta vez, el rango de éxito fue entre 30 a 60 cm, que es donde ocurrieron la mayoría de los pejes. Sin embargo, mis compañeros de pesca me comentaron que no les fue mal en los días anteriores, alargando las brazadas hasta un metro. Ante ese panorama de pejes que comen abajo habrá que quitar una de las boyas y distanciar bien las otras para que sus brazos no se toquen.

Del lado de Buenos Aires, donde el río enarena y hace más playas, el agua suele encontrar pozas y quietudes aptas para un peje menor, pero en compensación es más abundante que en la costa opuesta. Esto no quiere decir que, con buenos lances por dentro ganando distancia saquemos también los primeros buenos matungos de la temporada en espacios a los que hay que pagar para acceder, como el camping Keidel o clubes para socios como la Asociación Argentina de Pescadores (junto a Keidel, en Talavera y Guazú) o el Guazú (5 km por debajo del segundo puente). Los trabajos de mantenimiento en estos espacios aseguran que el aficionado pesque con comodidad y seguridad, a diferencia de otros precarios muelles de alquiler donde el pescador es llevado en barca, abandonado a su suerte en el agua sin posibilidad de moverse y retirado en el momento acordado con el barquero. Sin duda, el inicio de temporada (tarde pero seguro) es un gran momento para buscar trofeo antes de que llegue el pequeño.

Pejerreyes a la luz de los farolillos

«La noche se enriquece de secretos, la soledad del mundo es compañera”, cantó Silvio Rodríguez. Y eso es lo que siente una legión de caminantes, desafiando las heladas, pateando tablones a la luz de las farolas, echando humo sobre bufandas o cuellos de forro polar, con la mirada fija en esa hilera de boyas luminosas (verdes o blancas fluorescentes). que reflejan bien la luz marcar las buenas picas.

Él pejerrey con su fototropismo positivo, Tiende a hacerlo muy bien en áreas iluminadas, y por eso muchos aficionados prefieren desafiar el frío y pescar en una franja donde normalmente habrá muy poca actividad humana y muchos peces voraces. Este inicio de temporada en Guazú dio muy buenos matungos en Keidel y en Club Guazú, buscándolos a veces con ramales muy largos. Otros sacando clavitos a centímetros de la boya. Así de fantástico es este pez que nos obliga a pensar y trabajar constantemente.

En eso Club Guazu, el orgullo de sus socios esta temporada 2023 es la realización de la renovación de todas sus luminarias, que ahora son leds en el nuevo sector, lo que hace inmejorable la situación de la pesca en un muelle muy cuidado. Parrillas, quinchos, baños y todo el confort para sus socios, hacen de este pesquero un clásico del pejerrey. Para afiliarse debe llamar al 4713-2002 de lunes a viernes de 4 a 8 pm Asociación Argentina de Pesca también comparte con la institución hermana la preocupación por el afiliado y ofrece un maravilloso camping con dormitorios, un extenso muelle y posibilidad de pesca nocturna, además de otros servicios. Para afiliarse debe llamar al 4311-4625.

Y en Keidel el diferencial es que puede ser visitado por pescadores que pagan una renta diaria ($2.000 al cierre de esta edición y $3.000 para pernoctar; entrada incluye carro y mesa), que sirve para ahorrar el peaje de regreso en el stand de Zárate. Hay cabañas en renta desde 2 hasta 5 personas y arriado de embarcaciones, no se venden cebos y solo se permiten mascotas pequeñas. También playa, juegos infantiles y muelle real de pesca las 24 horas. Llamar de lunes a viernes de 9 am a 7 pm al 03487-470576.

Cómo llegar: Hacia Camping Vidal tomamos la ruta de los puentes de Zárate Brazo Largo y, apenas cruzamos el Guazú, continuamos unos kilómetros hasta la comisaría, donde giramos a la izquierda por la carretera asfaltada hacia Ibicuy. Tras dejar atrás los primeros metros enmarcados por diversas tiendas de artículos regionales, continuamos por esta ruta durante unos 5 km hasta la entrada del camping. Cobran $2.000 por persona (sin pago de carro) y no hay pesca nocturna (funciona de 7 a 19). Tel.: (03446) 633806. Hay sanitarios y pulperías, mesas, arboleda, dos muelles y un tramo de costa para pescar a flote.


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 Fuente: perfil.com