Desde la redacción de Pezcalandia les relatamos una caminata espléndida para mirar Chos Malal desde arriba y descubrir lo que el paisaje cuenta en silencio.
La caminata hacia el Cerro de la Virgen sigue una ruta alternativa que muestra formaciones geológicas poco conocidas.
En Chos Malal, mientras el predio festivalero empieza a perfumarse con humo de asadores y guitarras afinándose para las noches largas, hay una propuesta que invita a correrse unos metros del ruido para escuchar otra cosa: el latido antiguo del Cerro de la Virgen. Durante la Fiesta Nacional del Chivito, la Danza y la Canción, los guías habilitados por el Ministerio de Turismo, Denis Álvarez y Alan Fuentes, abrirán un camino paralelo al de la celebración, uno que sube lento y despeja la mirada.
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El punto de partida será la Plaza San Martín, a las nueve en punto, cuando el sol apenas empieza a calentar el empedrado. Desde allí, el grupo se dirige hacia la Ruta 43, donde el sendero, bajo en dificultad, amable para casi todos los cuerpos, comienza a tomar altura. Una hora y media, quizás dos, hasta la cumbre. El ritmo lo marcará la montaña, no el reloj. Arriba espera el hito del Cerro de la Virgen, ese mirador natural que le regala a Chos Malal otra dimensión: la del pueblo pequeño en un paisaje enorme.
La propuesta incorpora detalles que acentúan la experiencia sin desviar la esencia. Cascos, bastones, seguro de accidentes, un cupo limitado que obliga a inscribirse antes, y un gesto final que condensa el espíritu local: una picada con jugos naturales de producción regional. Todo allí arriba, donde el viento hila historias que no entran en el programa oficial de la fiesta.
El sendero, de baja dificultad, permite disfrutar del paisaje sin apuros y con pausas para interpretar la historia del lugar.
Este año, además, los visitantes que llegan por el fin de semana largo tendrán un incentivo extra: un 15 % de descuento para quienes estén en la ciudad por la Fiesta del Chivito. La invitación no es sólo a caminar, sino a abrir una puerta hacia el norte neuquino menos conocido, ese que también se escribe en sus rocas. El ascenso se hará por una ruta alternativa, un desvío que revela zonas poco frecuentadas y con una riqueza geológica que Álvarez promete traducir en relatos sencillos, para que todos puedan leer el terreno como un libro abierto.
El programa se completa con jineteadas, destrezas criollas, artesanías y propuestas culturales que llenan las horas antes y después de que el escenario principal despierte.
La fiesta vibra abajo. En lo alto, el cerro espera. Y hay quienes ya preparan el camino para que la experiencia sea, literalmente, desde otra perspectiva.
Pezcalandia
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Fuente desconocida
