lunes, 2 de enero de 2017

Carlos soria, la historia de un alpinista


Difundimos en Pezcalandia que hace unos días Carlos Soria presentaba un libro que, en realidad, es un recorrido por sus más de 60 años de alpinismo, escrito por el prestigioso periodista Darío Rodriguez. En épocas recientes Carlos ha trascendido el cerrado mundo de la montaña para hacerse popular en toda España. 

Hoy se le conoce, sobre todo, porque a sus 77 años ya ha escalado 12 de las catorce montañas que superan los ocho mil metros de altitud. Y está convencido de que el próximo año escalara los dos que le faltan, el Shisha Pangma y el Dhaulagiri. Pero detrás de Carlos hay mucha más vida, muy bien invertida, desde el trabajo duro que tuvo que hacer desde que fuera un niño, aprendiendo lo que supone esforzarse día a día en aquella España de la posguerra, haciendo alpinismo desde los 14 años, recorriendo todas las montañas españolas y buena parte de las de Europa. Y una larga profesión de tapicero hasta que se jubiló y pudo dedicarse en cuerpo y alma a lo que más le apasiona: escalar montañas por todo el mundo.
Carlos es un ejemplo del montañismo español de los años sesenta y setenta, cuando nuestros alpinistas apenas eran conocidos fuera de nuestras fronteras. En términos comparativos puede pensarse que aquel alpinismo, comparado con el que se estaba realizando por alpinistas internacionales en las grandes montañas del Himalaya, apenas era relevante. Pero para los españoles fue muy importante porque fueron personas como Carlos las que mantuvieron viva la llama del montañismo y sentaron las bases de un alpinismo esplendoroso que alcanzó sus mayores logros en los años 80 y 90. Carlos formó parte de la generación de los que empezaban, apenas sin medios ni recursos, y ha terminado formando parte del grupo de los grandes himalayistas españoles. Sin duda es importante que once ochomiles los haya escalado pasados los 60, siendo un caso único de extraordinaria longevidad, y que ejemplifique como pocos los valores deportivos. Pero mucho más importante de lo logrado es su ejemplo en estos últimos años. Está enseñando a todo el mundo que se pueden seguir cumpliendo años y además peleando con tenacidad los sueños. Se envejece no sólo por los años que nos pasan por encima sino, mucho más, cuando se nos acaban las ganas de perseguir los sueños. Es evidente que Carlos es una persona excepcionalmente fuerte que está desafiando, además, sus límites y al calendario. Pienso, desde la experiencia y el conocimiento de muchas expediciones sacrificadas, cuanta constancia, sacrificio y valentía son necesarios para llevar adelante un proyecto como el suyo, luchando muchos años contra todos los elementos, sin apenas apoyos y cuando, a su edad, la mayoría de personas sólo aspiran a envejecer tranquilamente y cuidar de sus nietos.
Porqué Carlos representa los valores esenciales que han movido a la humanidad: la lucha hasta el final, manteniéndose en pie hasta el final, incluso cuando todo va mal. Como me dijo Waler Bonatti, uno de los más grandes alpinistas clásicos y una referencia indiscutible en la historia del alpinismo, "la montaña es una metáfora de la vida, tienes que aprender a esforzarte por conseguir lo que quieres, a no desfallecer ni caerte. Y si te caes hay que levantarse y seguir subiendo" En buena medida así ha sido la vida de este experto montañero que quiere seguir cumpliando años, montañas y sueños. Veteranos así nos han procurado hacer mucho mejor el país en el que vivimos. Esas son las personas imprescindibles. Suerte, salud y amistad a todos los amigos y lectores de MARCA en estas fiestas navideñas.

Fuente La Marca