lunes, 22 de febrero de 2021

Pezcalandia informa las 40 especies de tiburones en Uruguay



A pesar de su aspecto feroz, éstos animales necesitan protección; biólogos instan a regularizar pesca industrial, artesanal y deportiva.
Un tiburón de al menos dos metros de largo fue expuesto como un trofeo en el puerto de Punta del Este. Su tamaño y sus dientes atrajeron la atención de los turistas que no dudaron en sacarse una foto para recrear por un instante a la mítica atracción de Amity Island y su tiburón devorador de hombres. Pero ese animal colgado de la cola esconde muchas realidades cotidianas de la costa oceánica, entre ellas, que hay más de 40 especies registradas en Uruguay y muchas de ellas están bajo amenaza.
Este era un ejemplar de tiburón ssarda (Carcharias taurus), uno de los habitantes de la costa. Pero que, a diferencia de lo que sucede en Argentina, no tiene ninguna medida de manejo. La pesca ˗industrial, artesanal y deportiva˗ han provocado una reducción del 90% de la población, según dijo a El País Andrés Milessi, biólogo y oceanógrafo experto en pesquerías y modelación ecosistémica. También se pescaron varios ejemplares en Punta del Diablo este verano.
La Dirección Nacional de Recursos Acuáticos (Dinara) comenzó el monitoreo de la pesca deportiva para definir planes de manejo que apunten a la conservación. El Centro Universitario de la Región Este de la Universidad de la República tiene un programa de monitoreo de la biodiversidad marino-costera que aporta datos esenciales sobre áreas de cría y patrones estacionales.
El Plan de Acción Nacional para la conservación de condrictios en las pesquerías uruguayas de 2008 ya consideraba que 14 especies figuraban en la lista de prioridad alta su preservación: galludos (Squalus acanthias), angelitos (Squatina argentina, Squatina Guggenheim y Squatina ocuulta), sardas, peregrinos (Cetorhinus maximus), tiburones pinocho (Lamna nasus), cazones (Galeorhinus galeus), recorrecostas (Mustelus fasciatus), gatuzos (Mustelus schimitti), marrones (Carcharhinus brachyurusCarcharhinus obscurus y Carcharhinus plumbeus) y guitarras (Rhinobatos horkelii).
Zona rica en diversidad.

El pequeño tiburón cigarro (
Squaliolus laticaudus), el gran tiburón peregrino, el tiburón blanco (Carcharodon carcharias) y también el cazón y el gato pardo (Notorynchus cepedianus) son algunas de las especies que comienzan a llegar con la primavera a las costas uruguayas para reproducirse y parir sus crías. Si a los tiburones se les agrega las rayas, rayas eléctricas, chuchos, mantarrayas, peces ángel, guitarras y sierras, hay más cien especies de condrictios (peces con esqueleto cartilaginoso) en aguas uruguayas.
“Hay que conocer la riqueza de nuestro océano”, afirmó Ángel Segura, doctor en ecología e investigador de Pedeciba Geociencias. La convergencia de dos grandes corrientes marinas (la de Brasil y la de Malvinas), sus ramas costeras y la descarga del Río de la Plata generan una zona de alta productividad que nutre una trama trófica que tiene como depredadores tope a estos grandes tiburones.
Milessi, coordinador de Organización Conservación de Cetáceos y Oceanosanos, apuntó: “Las utilizan como área de nursery”. Unas de las zonas elegidas son las islas de la Coronilla, Cerro Verde y Cabo Polonio. Las crías tienen a disposición buena cantidad de alimento: pequeños peces, crustáceos y moluscos. “La estrategia de los padres es darles el lugar más apropiado para que se desarrollen”, apuntó. Los adultos se alimentan también de lobos marinos pero, pasado el verano, viajan miles de kilómetros hasta la próxima primavera. Los juveniles lo hacen a partir de los dos o tres años de vida.
El tiburón sarda, como otras especies, tienen una baja tasa de crecimiento. Recién se reproduce a partir de los ocho años de vida cuando supera los dos metros de largo. “Todo aquel individuo capturado con menos de dos metros ni siquiera se reprodujo ni una sola vez”, lamentó Milessi. Las hembras, además, tienen un bajo número de crías.
Segura ha estudiado los condrictios desde 2005 por un programa de monitoreo de biodiversidad costera. Con colegas han identificado numerosas especies solo en Punta del Diablo.
De ellas recuerda haber muestreado un tiburón sarda de 2,42 metros en el marco de una tesis de maestría del Pedeciba Geociencias.
La importancia de esta especie es que “mantiene la estabilidad de los ecosistemas”: vincula las vías energéticas asociadas a las rocas (macroalgas) y al fitoplancton ˗asociado a la columna de agua, logrando un equilibrio en el ambiente. “Hace que no desaparezca una especie de golpe o que no haya cambios extremos”, explicó. Pero, a pesar de ser un predador tope, tiene características que lo hacen “sensible” ante las presiones: “Si ejercemos una presión de pesca, por baja que sea, es muy fácil que sea suficiente para que no sea capaz de reproducir la población. Acá es donde hay que poner una advertencia”.
Aletas: un ingrediente de la cocina asiática.

Los tiburones son explotados para aprovechar su carne (fresca, congelada, seca, salada, ahumada), aletas, aceite de hígado (utilizado para cosméticos y medicamentos), piel (vestimenta y calzado), dientes (joyería), vértebras (artesanías) y cartílago (para fines terapéuticos).

De acuerdo con el Boletín Estadístico Pesquero 2018 del Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca, el desembarque de angelito fue de 136 toneladas; de cazón, 160; de gatuzo, 84; de guitarra, 53; de tiburón de trompa de cristal, 8 toneladas; también hubo pesca de tiburón moro, sarda y de galludo.
Las aletas de tiburón son uno de los productos pesqueros más caros, utilizadas para producir sopa de aleta de tiburón, un plato típico asiático. Las aletas de tiburón son utilizadas en la cocina china como un ingrediente importante desde hace al
menos 33 siglos. Por lo general las aletas comercializadas son las pectorales, la primera dorsal y el lóbulo inferior de la caudal.
Problemas de la pesca.
Las fotos del ejemplar capturado en Punta del Este fueron calificadas como “vergonzosas” por Milessi. “No queremos prohibir la pesca deportiva; la queremos regular”, afirmó. En otros lugares se sigue cierto protocolo que asegura la devolución del tiburón al mar con un mínimo de daño. La técnica, por ejemplo, incluye el uso de anzuelos y líneas especiales. El pescador, además, debe contar con un permiso.
Para Segura es fundamental cuantificar el impacto de la pesca deportiva, sin olvidar que la escala de la pesca artesanal e industrial es mucho más grande. “Uno ve la foto de esa sarda pero no ve lo que pasa en un barco que captura una gran cantidad de estos organismos”, señaló. A su juicio, hay que definir planes de manejo y tipos de pesca que garanticen el mantenimiento de las poblaciones de tiburones. “Necesitan medidas de protección que, además, sean integrales; que incluyan la pesca de altura, la pesca costera, la pesca artesanal y la pesca recreativa. Dinara también está haciendo un trabajo con los buzos que hacen caza submarina para ordenar esa pesca también”, comentó.
En este sentido, opinó que es relevante favorecer la pesca artesanal local, que genera fuentes de proteína que se consumen en la región, es importante, y aporta a la soberanía alimentaria. Y añadió: “Tenemos un grupo de especies que estás bastante comprometidas, además del tiburón sarda. El cazón tuvo una pesca muy intensa durante la Segunda Guerra Mundial para usar su hígado como fuente de vitamina A y tuvo una captura muy grande. Ahora se le dice cazón al gatuzo que es otra especie que también está en riesgo”.
Individuos con problemas de fecundidad.
El tiempo que puede necesitar un tiburón para llegar a la edad o talla de primera madurez difiere de la especie. Pequeños tiburones como el gatuzo alcanzan su primera madurez a los 3 o 4 años. Esta edad puede aumentar en tiburones como el angelito (7 u 8 años) y para el tiburón de Groenlandia (150 años).
Andrés Milessi, biólogo y oceanógrafo experto en pesquerías y modelación ecosistémica, explicó que la pesca de manera excesiva, en las poblaciones de tiburones y rayas, antes de que alcancen al menos una vez su reproducción, se verán altamente afectadas, aunada a su lenta reproducción. La fecundidad (tamaño y número de crías) aumenta con el tamaño corporal de la madre, esto significa que si se capturan hembras más grandes, afectará aún más el tamaño poblacional. “Por lo tanto, es aconsejable no capturar tiburones en sus épocas de parición y reproducción, como también liberar aquellas hembras de gran tamaño que permitirán la parición de un número mayor de crías”, dijo el experto.
En comparación, una sarda deja solo dos crías cada dos años mientras que una brótola puede poner hasta ocho millones de huevos. Una corvina puede tardar hasta tres años para empezar a reproducirse anualmente mientras que a un cazón le puede llevar hasta 17 y podrá hacerlo solo cada tres años.
¿Cuánto tiempo llegan a vivir? Depende de la especie. El gatuzo, por ejemplo, alcanza una edad máxima de 25 años; el cazón puede alcanzar los 24 años en la población compartida con Argentina y Brasil, pero se estima que puede llegar a los 60 años en las aguas de Australia y Nueva Zelanda. El tiburón de Groenlandia puede vivir hasta vivir hasta 400 años, pero es un extremo.
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Pezcalandia
Laura Trigona
Prensa & difusión
Fuente El País